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                      Semillas de luz

(Antología de oraciones

  de la mística universal

LAUREANO J. BENÍTEZ GRANDE-CABALLERO

JOSÉ ANTONIO BENÍTEZ GRANDE-CABALLERO

  (Madrid, Ed. San Pablo, 1996)

http://www.laureanobenitez.com

 

 

La canción del silencio

      (Hinduismo)



 

El silencio

       (Ramana Maharshi, 1879-1950)

 

Contemplando esta paz de supremo silencio

que se adueña de los que saben,

de los que poseen el conocimiento elevado, perfecto y sólido,

porque para ellos no ofrece atractivo

la consecución de las cosas del mundo;

contemplando esta suma divina que nada excluye,

donde todo comienza,

felicidad eterna, tranquila, frescor tranquilo del ser verdadero;

contemplando más y más lo eterno, el ser en sí que,

testigo de todo y de todo origen,

lleva a la pureza suprema, a la sabiduría,

a quienes sobrepasan los tres estados

y no velan ni duermen ni sueñan;

contemplándote, llama sin tacha, de esa luz

que disipa la ignorante visión de lo múltiple,

mar de felicidad que no saben alcanzar las seis creencias;

y tú, oh paz:

contemplándote, vasto océano de gozo,

depósito de toda vida, néctar de delicias,

oro resplandeciente, joya,

esencia primera de la no dualidad que reside en mí, soberana,

radiación infinita que todo lo envuelve,

infinitud iluminada de gloria...

¡Alegría! ¡Oh, alegría!

 

 

Los vedas (Hacia el 1000 a.C.)

 

1.- La semilla    

 

Trae un higo de esa higuera.

Aquí lo tienes, señor.

Ábrelo.

Está abierto.

¿Qué ves en su interior?

Estas diminutas semillas, señor.

Abre una.

Ya está.

¿Qué ves en ella?

Señor, no veo nada en absoluto.

Hijo mío, esa esencial sutil que no ves

es el ser de todo el universo.

Eso es lo real.

Eso es el ser.

Y tú eres eso.

 

2.- Eso

 

¿Quién hace que la mente tome consciencia de los objetos?

¿Por orden de quién se mueve la vida por vez primera?

¿Por voluntad de quién se expresa el habla?

¿Y qué dios da su poder al ojo y al oído?

Es la escucha del oído,

la consciencia de la mente,

el sonido mismo de la palabra,

la vida del aliento

y la vista del ojo.

Por consiguiente, los sabios,

al entregarse,

van más allá de este mundo

y son inmortales.

 

Pero eso está más allá del alcance de la vista, el habla y el

pensamiento.

Y nosotros no sabemos ni entendemos

cómo se lo puede enseñar.

 

Eso es otra cosa que lo conocido

y está más allá de lo desconocido.

Así lo han dicho los sabios.

 

Eso es algo de lo que no se puede hablar

pero que hace que hablemos.

 

Eso es algo que no se puede pensar

pero que hace que pensemos.

 

Eso es algo que no se puede ver

pero que hace que veamos.

 

Eso es algo que no se puede escuchar

pero que hace que escuchemos.

 

Eso es el aliento que no se puede retener

pero mediante el cual respiramos.

 

Eso es conocido de aquellos que no saben;

para los que saben, es desconocido.

 

Eso no es entendido por quienes lo entienden;

Eso es entendido por quienes no lo entienden.

 

 

Los upanishads (Primer milenio a.C.)

 

3.- La presencia

(Shwetâshwatara Upanishad)

 

Dios único, oculto en el corazón de todos los seres,

penetrando todo lo que existe, lo íntimo de todos.

Tú decretas todo lo que se hace, tú resides en cada uno,

Tú eres el testigo, el conocedor, el único a quien no podemos calificar.

 

Soberano único de la multiplicidad, sin actividades;

por ti el germen único florece

en innumerables formas diferentes.

A los sabios que perciben tu presencia en el fondo de sí mismos,

sólo a ellos pertenece la eterna alegría, y no a otros.

 

Como el aceite en los granos de sésamo,

como la mantequilla en la crema,

como el agua oculta en el lecho del río,

como el fuego en el sílex,

así descubrimos al yo engastado en nuestra alma,

si lo buscamos con sinceridad y austeridad.

 

Como la mantequilla se encuentra en cada parte de la leche,

así el yo está extendido en todo lo que es,

este yo, en la raíz del autoconocimiento y de la austeridad,

es el Brahman. Esta es la más alta doctrina mística.

 

Cuando los hombres logren enrollar el firmamento

como enrollan un trozo de cuero

(es decir, cuando lo imposible se convierta en posible),

pena y dolor podrán cesar

sin que para ello sea necesario conocer a Dios.

La única forma posible de terminar con el pesar y el dolor

es el conocimiento de Dios.

 

4.- El soberano

(Brihadaranyaka Upanishad)

 

Dulce como la miel es esta tierra para todos los seres.

Dulces como la miel son todos los seres para esta tierra.

Dulce como la miel es el ser radiante e inmortal que ocupa el cosmos,

y el ser radiante e inmortal que habita y ocupa este cuerpo.

 

Dulce como la miel es el agua para todos los seres,

y dulces como la miel son todos los seres para el agua.

Dulce como la miel es el ser radiante e inmortal que reside en el agua

y el ser radiante e inmortal que existe como semilla en el cuerpo.

 

Dulce como la miel es el fuego para todos los seres,

y dulces como la miel son todos los seres para el fuego.

Semejante a la miel es el ser radiante e inmortal que reside en el fuego

y el ser radiante e inmortal que reside en el órgano de la palabra.

 

Hay identidad entre el Atman, el yo individual,

miel de todos los seres, y Brahman.

 

5.- La visión

  (Isha Upanishad)

 

Todo lo que existe en este universo cambiante, está impregnado del Señor.

El renunciamiento es el mejor amigo del yo y le protege.

El hombre que ve a todos los seres en el yo y al yo en todos los seres,

por esta razón, no odia a nadie.

Para el vidente, en verdad, todas las cosas se convierten en el yo.

¿Qué desencanto, qué pesar alcanzará a quien contempla esta unidad?

 

Un disco de oro cubre la faz de la verdad.

Retírala, oh tú que nos alimentas,

a fin de que el que está enteramente consagrado a la verdad

pueda contemplar tu rostro.

 

Sol, soberano de quien recibimos todo alimento,

viajero solitario en el cielo, reúne tus rayos;

aparta tu luz que me deslumbra.

Quisiera ver, por tu gracia, tu más bella forma.

Él, el «Purusha»[1] que está por doquier, yo soy él, en verdad.

  [1] En la tradición vedántica, Purusha es el ser consciente o conciencia básica, en cualquiera de los planos en que se manifiesta, ya sea trascendente, cósmico o individual.

 

6.- La reverencia

 

Me prosterno todavía y siempre ante Dios,

que está en el fuego y en el agua, que impregna el mundo entero,

que está en las cosechas anuales, como en los grandes árboles.

Revélate a mí, sálvame con la sonrisa de tu gracia

ahora y por siempre jamás.

De lo irreal llévame hasta lo real, de la oscuridad a la luz,

de la muerte a la inmortalidad.

 

Me prosterno ante ti, de quien viene el bien de mi alma;

me prosterno ante ti, que eres el bien, el más alto bien.

¡Oh, tú, que te revelas a ti mismo, revélate a mí!;

¡Oh, tú, que eres el espíritu de manifestación, manifiéstate en mí!

Dios no me ha abandonado,

¡ojalá pueda yo no abandonar a mi Señor!

 

Poemas tradicionales

 

1.- El hambre

   (Poema vishnuita)

 

Siento que estoy contemplando desde mi nacimiento

la hermosura de tu rostro,

pero mis ojos todavía tienen hambre.

Siento que te estoy estrechando sobre mi corazón

desde hace millones de años,

pero mi corazón no está saciado.

 

2.- Lo indispensable

 

Si al bañarse cada día se pudiera estar con Dios

yo quisiera ser ballena en el fondo del mar.

 

Si comiendo fruta y raíces pudiéramos conocerlo,

yo elegiría, feliz, la forma de una cabra.

 

Si contando las cuentas de un rosario pudiésemos descubrirlo,

yo rezaría mis oraciones con interminables rosarios.

 

Si al inclinarnos ante las pétreas imágenes pudiéramos desvelar­lo,

yo adoraría humildemente una montaña rocosa.

 

Si al beber leche pudiera absorber al Señor,

muchos ternerillos y muchos niños lo conocerían.

 

Si al dejar la propia mujer atrajera al Señor,

millones de hombres se harían eunucos.

 

Mirabai sabe que para encontrar al divino

la única cosa indispensable es el amor.

 

 

3.- La dulzura

 

Medita, oh mente mía en el Señor,

Él es la esencia del espíritu,

Él está libre de toda impureza.

¡Cuán maravillosa es su forma!

¡Cuán amado es por todos sus devotos!

Su belleza realzada por manifestaciones frescas del amor

avergüenza el esplendor de un millón de lunas;

como el relámpago fulgura su gloriosa belleza,

la visión beatífica eriza los cabellos de pura dicha.

 

Adora sus santos pies en el loto de tu corazón;

concéntrate en la belleza incomparable

de esa bienaventurada forma,

ahora que la mente disfruta de la paz

y los ojos están llenos del amor divino.

 

¡Oh mente mía, con la inspiración del amor divino.

Sumérgete en su dulzura que es la fuente de la

inteligencia y la dicha absolutas!

 

Sumérgete para siempre, oh mente mía, en el dulzor

de su amor y dicha.

Embriágate con el gozo del Señor.

 

4.- El esposo

 

¡Qué belleza tan encantadora!

¡Qué rostro tan atractivo!

El Señor de mi alma ha venido a mi humilde morada.

 

Contemplado cómo el manantial de mi amor

desborda de alegría.

 

Oh Señor de mi alma, estás hecho sólo de amor.

¿Existe alguna riqueza que yo pueda ofrecerte?

Acepta mi corazón, mi vida, mi todo, oh Señor.

Dígnate aceptar todo mi ser.

 

Señor, ¡qué puedo decirte!

Tú eres la joya más preciosa de mi corazón,

la morada de la dicha eterna.

 

¡Oh mi amado! ¡Oh Amado mío!

¿Qué puedo decirte?

(Una mujer sin suerte como yo)

tú eres el espejo que sujeto con mis manos,

tú eres la flor para mi pelo.

Haré de ti una flor y me la pondré en el pelo.

Te esconderé, oh amado mío, entre mis trenzas.

Nadie te encontrará escondido bajo mi pelo.

Oh, tú eres el colirio refrescante para el ojo,

tú eres la hoja de betel que mastico

junto con las nueces y las especies de dulce fragancia.

Oh mi amado, mi syam, te convertiré en colirio

y así te llevaré conmigo.

 

Pensarán que me he pintado los ojos con un pigmento oscuro

y no te encontrarán.

Tú eres para el cuerpo la crema de sándalo

refrescante y olorosa,

y para el cuello, el collar.

Oh mi amado, refrescaré mi mente, cuerpo y alma,

contigo, mi crema de sándalo de color oscuro.

Haré de ti mi collar y te llevaré alrededor del cuello,

sobre mi pecho y cerca del corazón.

Para el cuerpo, tú eres la vida.

Para la casa, tú eres los pilares.

Para mí, oh amado mío,

Tú eres lo que las alas son para el pájaro,

y lo que el agua es para el pez.

 

5.- ¿Cuándo?

 

¡Durante cuánto tiempo tendré que esperar

para enloquecer con el amor divino!

No teniendo ningún deseo en este mundo,

repetiré el nombre de Hari (Dios)

y de mis ojos fluirá un manantial de lágrimas de amor.

 

¡Cuándo mi mente y mi vida serán puras!

¡Cuándo iré de peregrinaje al Brindaban del amor!

¡Cuándo será ahuyentada la oscuridad de mis ojos

por el colirio del conocimiento divino!

 

¡Cuándo mi cuerpo de hierro se convertirá en oro

al contacto con la piedra divina!

¡Oh, cuándo tendré la visión

de un mundo hecho solamente de Dios!

 

¡Cuándo desaparecerá mi deseo de hacer buenas obras!

¡Cuándo dejará de existir mi sentimiento de casta y de familia!

 

¡Cuándo seré llevado más allá del miedo,

de la ansiedad y del sentimiento de vergüenza!

¡Cuándo seré libre del orgullo

y de la obediencia servil a las costumbres!

 

Frotando mi cuerpo

Con el polvo de los pies de los amantes de Dios,

y con el chal de la renunciación sobre mis hombros,

¿cuándo beberé con ambas manos

el agua del amor extático

del río de la dicha divina?

 

¿Cuándo realizaremos en el templo del corazón

la bienaventurada forma de Dios,

la única realidad?

 

Mirándole constantemente, ¿cuándo nos

sumergiremos hondo en el océano de esa divina belleza?

 

Entrarás en mi alma como el conocimiento absoluto.

Como Dios infinito. La mente asombrada e inquieta

por el profundo goce,

tomará refugio a tus pies.

 

La dicha, como dulce néctar,

aparecerá en el firmamento del alma.

Contemplando su gloriosa manifestación

enloquezco de alegría.

Igual que el pájaro chakora se vuelve

loco de dicha al ver a la luna.

 

Oh amado Señor, moriré a tus pies

y entonces cumpliré el propósito de mi vida.

Tú eres el rey de reyes, el único.

El que es todo paz, todo gracia.

Así, incluso en esta vida disfrutaré de la dicha celestial.

¡Oh que glorioso privilegio!

¿Cuándo podré contemplar tu ser puro y santo?

Todas mis impurezas desaparecerán de mí,

al ser testigo de tu gloria,

como la oscuridad desaparece en presencia de la luz.

Tú enciendes en mi corazón una ardiente fe

que como la estrella polar

es una guía segura e infalible.

Amigo del débil,

tú satisfaces mi único deseo.

Y perdido en la infinita dicha de tu amor,

me olvidaré completamente de mí,

siendo tú Señor, mi día y mi noche.

¿Cuándo será esto realidad para mí?

 

  6.- La madre

 

¡Oh, alma mía! Abraza el corazón de mi amada madre.

Que solamente ella y yo tengamos el privilegio

de contemplarla...

Que nadie más la vea, nadie más.

 

Deseos, ¡alejaos de mi camino!

Y disfrutemos sólo de su presencia.

Utilicemos la lengua sólo para llorar, rezando:

¡Oh madre, oh madre!

 

Ahí están los deseos

que nos conducen a la mundanalidad;

por favor, no dejes que se acerquen a nosotros.

 

Permite que el ojo de la sabiduría

que nos conduce hacia Dios

se mantenga despierto

y nos mantenga alejados del mal.

 

¡Oh madre! Tu esencia es la dicha eterna.

¿Por qué, entonces, esta me es negada a mí?

 

Oh mi buena madre, mi alma no conoce nada,

excepto tus santos pies de loto.

¿Por qué, entonces, el rey de la muerte,

el rey de la justicia, me considera culpable?

Dime qué respuesta puedo dar a ese pavoroso rey.

 

El deseo de mi corazón era, oh madre,

repetir tu santo nombre

y cruzar el océano mundano.

Pero nunca pude imaginar, ni siquiera en sueños,

que me ahogarías en este océano infinito.

 

Oh madre, consorte del Dios de la eternidad,

día y noche he estado repitiendo tu santo nombre

que otorga la salvación a tus hijos desamparados.

 

Pero, ¡ay de mí! Mis innumerables infortunios no me abandonan;

sólo siento que si muero en esta miserable condición,

nunca nadie más repetirá tu nombre.

   

Kabir (1440-1518)

 

1.- El despertar

 

¡Oh corazón mío! El Espíritu supremo,

el Dueño omnipotente está junto a ti.

¡Despierta, despiértate!

Corre a echarte a los pies de tu bienamado,

pues tu Señor está muy cerca.

 

Estuviste dormido durante siglos innumerables,

¿y no quieres despertar esta mañana?

 

2.- La visita

 

Este día me es caro entre todos los días,

porque hoy mi Señor bienamado es huésped de mi casa.

 

Mi cámara y mi corazón resplandecen con su presencia.

Mis ardientes deseos cantan su nombre

y se pierden en su infinita belleza.

 

Lavo sus pies, contemplo su rostro

y ante él me prosterno, llevándole como ofrendas

mi cuerpo, mi alma y todo cuanto tengo.

 

¡Qué día de felicidad es este en que mi bienamado,

mi tesoro, viene a mi casa!

 

Todos los malos pensamientos huyen volando

de mi corazón cuando diviso a mi Señor.

 

Mi amor le ha conmovido; mi corazón

languidece por su nombre, que es la verdad.

 

3.- Mi Señor

 

Mi Señor se oculta y, a maravilla,

mi Señor se revela.

 

Mi Señor me aherroja duramente y mi Señor

hace que caigan mis cadenas.

 

Mi Señor me trae voces de tristeza y voces

de alegría, y es Él mismo quien dosifica los contrastes.

 

Ofrendaré a mi Señor mi cuerpo y mi espíritu.

Daré mi vida antes que olvidar a mi Señor.

 

4.- El esclavo

 

¿Cómo podría quebrarse el amor que nos une?

Cual la hoja del loto reposando sobre el agua,

así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo.

Cual el ave nocturna contempla la luna en

la noche, así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo.

Desde el comienzo hasta el fin de los tiempos           

está el Amor entre tú y yo. ¿Cómo podrá extinguirse ese amor?

Kabir dice:

«Cual el río penetra en el Océano,

así mi corazón penetra en ti».

 

5.- La novia

 

¡Tristes están mi espíritu y mi cuerpo!

Te necesitan.

Ven a mi casa, ¡oh mi bienamado!

 

Cuando me llaman «tu prometida»

me avergüenzo de que mi corazón aún no haya poseído

tu corazón.

¿Qué amor es, pues, este amor mío?

No tengo hambre; no tengo sueño; nunca

hallo reposo, ni en Él ni fuera de Él.

 

Como el agua para el sediento, así es el novio para la novia.

¿Quién le llevará el mensaje a mi bienamado?

 

Kabir está angustiado. Agoniza de no haberle visto.

 

Himno a Arunachala

(Ramana Maharshi, 1879-1950)

 

En verdad eres más bondadoso que la propia madre, tal es tu amor ¡oh Arunachala[2]!

Aposéntate con firmeza en mi mente para que no te eluda, ¡oh Arunachala!

La mente, por su desasosiego, me impide buscarte y hallar la paz; (tómala y) concédeme la visión de tu belleza, ¡oh Arunachala!

Así como el imán atrae al hierro, magnetizándolo y retenién­dolo, ¡de igual manera obra tu conmigo, oh Arunachala!

¡(Inmóvil) colina, que te fundes en un mar de gracia, ten misericordia (de mí) que te ruego, oh Arunachala!

¡Gema ardiente, que refulges en todas direcciones, incendia mi escoria, oh Arunachala!

Dulce fruto entre mis manos, déjame enloquecer de éxtasis, embriagarme con la buenaventura de tu esencia, ¡oh, Arunachala!

Sol deslumbrante que devoras todo el universo en tus rayos, abre en tu luz el loto de mi corazón, te lo ruego, ¡oh Arunacha­la!

¡Sométame a ti, yo que soy tu presa, y me consuma, para así tener la paz, oh Arunachala!

¡Allí (en el corazón) reposa en sosiego! ¡Que surja el mar de la dicha, cesen las palabras y el sentimiento, oh Arunachala!

«La realidad no es sino el yo»: ¿este no es todo tu mensaje, oh Arunachala?

«Mira en lo interior, buscando siempre al yo con el ojo interior, entonces se hallará (eso)». ¡Así te dirigiste a mí, amado Arunachala!

¡Buscándote en el yo infinito, recobré mi propio (yo), oh Arunachala!

¡Por tu gracia estoy sumido en tu yo, donde se funden tan sólo los despojados de sus mentes y de ese modo puros, oh Arunachala!

¡Cuando me cobijé debajo de ti como mi único Dios, me destruiste por completo, oh Arunachala!

En mi yo sin amor creaste una pasión por ti; por tanto, no me abandones ¡oh Arunachala!

¡Mírame! ¡Piensa en mí! ¡Tócame! ¡Madúrame! ¡Unifícame contigo, oh Arunachala!

Concédeme la esencia de los vedas, que brillan en el vedanta, uno sin segundo, ¡oh Arunachala!

¡Coloca (tu mano) sobre mi cabeza! ¡Hazme partícipe de tu gracia! ¡No me abandones, te lo ruego, oh Arunachala!

Como nieve en el agua déjame derretirme como el amor en ti, que eres el amor mismo, ¡oh Arunachala!

  [2] Colina del sur de la India, donde se retiró el Maharshi después de su iluminación, a los diecisiete años, y donde permaneció toda su vida. El santo hindú consideraba a Arunachala como su maestro, y estos himnos hacen a la colina sagrada una manifestación de Dios, del Absoluto.

 

Rabindranath Tagore (1861-1941)

 

  1.- El dolor

 

        Si no me toca encontrarte en esta vida mía, que sienta entonces que no he llegado a verte; que no lo olvide ni por un momento; que conserve en mis sueños y en mis horas despiertas las punzadas de este dolor.

         Que mientras pasan mis días en el mercado bullicioso de este mundo y se llenan mis manos con la ganancia diaria, sienta siempre que no he ganado nada; que no lo olvide ni por un momento; que conserve en mis sueños y en mis horas despiertas las punzadas de este dolor.

         Que cuando me incline al lado del camino, cansado y jadeante, y cuando me eche a dormir sobre la tierra, sienta yo siempre que me queda que hacer un largo viaje; que no lo olvide ni por un momento; que conserve en mis sueños y en mis horas despiertas la punzada de este dolor.

         Que cuando mis aposentos se encuentren adornados y suenen las flautas y las risas, sienta yo siempre que no te abrí mi casa; que no lo olvide ni por un momento; que conserve en mis sueños y en mis horas despiertas la punzada de este dolor.

 

2.- La venida

 

¿No oíste sus pasos silenciosos?

Él viene, viene, viene siempre.

 

En cada instante y en cada edad,

todos los días y todas las noches,

Él viene, viene, viene siempre.

 

He cantado muchas canciones

y de mil maneras; pero siempre

decían sus notas:

Él viene, viene, viene siempre.

 

En los días fragantes

del soleado abril,

por la vereda del bosque,

Él viene, viene, viene siempre.

 

En la oscura angustia

de las noches lluviosas,

sobre el carro atronador

de las nubes,

Él viene, viene, viene siempre.

 

De pena en pena mía, son sus pasos

los que oprimen mi corazón,

y el dorado roce de sus pies

es lo que hace brillar mi alegría,

porque Él viene, viene, viene siempre.

 

3.- La oración

 

Mi oración, Dios mío, es ésta:

 

Hiere, hiere la raíz de la miseria en mi corazón.

Dame fuerza para llevar ligero mis alegrías y mis pesares.

Dame fuerza para que mi amor dé frutos útiles.

Dame fuerza para no renegar nunca del pobre, ni doblar

la rodilla al poder del insolente.

Dame fuerza para levantar mi pensamiento sobre la pequeñez cotidiana.

Dame fuerza, en fin, para rendir mi fuerza, enamorado, a tu voluntad.

 

4.- La pureza

 

Quiero tener mi cuerpo siempre puro, vida de mi vida, que has dejado tu huella viva sobre mí.

 

Siempre voy a tener mi pensamiento libre de falsía, pues tú eres la verdad que ha encendido la luz de la razón en mi frente.

 

Voy a guardar mi corazón de todo mal, y a tener siempre mi amor en flor, puesto que tú estás sentado en el sagrario más íntimo de mi alma.

 

Y será mi afán revelarte en mis acciones, puesto que tú eres la raíz que fortalece mi trabajo.

 

5.- La espera

 

        Sólo estoy esperando al amor para entregarme al fin en sus manos. Esta es la razón de que sea tan tarde y de que tenga la culpa de tantas omisiones.

          Vienen ellos con leyes y con códigos a obligarme a la fuerza; pero yo siempre los evito, ya que sólo estoy esperando al amor para entregarme al fin en sus manos.

         La gente me censura y me llama descuidado. No dudo de que lleven razón con sus censuras.

          Ha pasado el día de mercado y se han cerrado todos los negocios. Han ido marchándose enfadados aquellos que vinieron a llamarme sin conseguir respuesta por mi parte. Sólo estoy esperando al amor para entregarme al fin en sus manos.

 

6.- El silencio

 

        Si no me hablas, llenaré mi corazón con tu silencio y así podré soportarlo. Me mantendré tranquilo y esperaré como la noche con su vigilia de estrellas y su cabeza inclinada en señal de pacien­cia.

         Es seguro que vendrá la mañana, que se desvanecerá la oscuri­dad, y que tu voz se derramará por los cielos en torrentes de oro.

         Entonces tus palabras saldrán volando en canciones surgidas de cada uno de mis nidos de pájaros, y tus melodías estallarán en flores a lo ancho de todas mis frondosas arboledas.

 

7.- La necesidad

 

        Te necesito a ti, sólo a ti; deja que mi corazón lo repita una y otra vez. Todos los deseos que me perturban día y noche son falsos y vacíos de contenido.

          Al igual que la noche conserva escondida en su oscuridad la solicitud de la luz, en la profundidad de mi inconsciente suena este grito: «Te necesito a ti, sólo a ti».

          Al igual que la tormenta anda buscando paz cuando golpea la paz con todo su poder, así mi rebelión golpea tu amor y sigue gritando: «Te necesito a ti, sólo a ti».

 

Paramahansa Yogananda (1877-1952)

 

1.- Bendíceme con tu presencia

 

En el templo de la paz, ven Tú, ¡oh Señor de la dicha!

Penetra en el santuario de mi meditación

y déjame sentir tu presencia

en medio de un raudal de alegría.

 

Alá eterno, en el minarete solitario de mi aspiración

por ti, en la tranquila mezquita de mi mente,

arde el incienso de mi quietud.

 

En el altar de mi Vihara interno, te ofrezco las flores

de mi plegaria. Su casta belleza te pertenece, su perfume

derramo a tus pies de loto.

 

En un tabernáculo que no ha sido hecho por ninguna mano

me postro ante el arca sagrada y hago votos

de seguir tus mandamientos, ¡oh Jehová eterno!

 

¡Padre mío!, en una iglesia sin muros, en el sagrado lugar

que tengo corazón adentro, hecha con mi devoción,

recibe la humilde ofrenda de mi vida entera,

renovada con mi plegaria de cada día.

 

2.- Instrúyenos con tu eterna abundancia

 

        ¡Padre divino! Bendícenos para que todos podamos manifestar tus bendiciones en nuestra salud, en las aspiraciones mentales y en las expresiones de nuestras almas. Tú eres la vida que palpita en las estrellas. Tú eres la energía en el átomo. Padre celes­tial, enséñanos a cargarnos a nosotros mismos con tu ilimitado poder, con tu ilimitada sabiduría. Perdona nuestras transgresio­nes y los vagabundeos solitarios por las tierras del error. Regrésanos al camino correcto. Muéstranos que eres tú el manantial supremo de la salud, el océano inagotable de vida; que tú eres el origen de toda sabiduría. Sacude nuestra ignorancia, cúranos de nuestras enfermedades y ayúdanos en los sufrimientos. Permite que el fluir de tu sabiduría quite la escoria que llevamos dentro.

          Arranca el velo que nos esconde tu rostro. Ven como una luz ardiendo, como la gloria en las estrellas. Queremos tu guía, tu fuerza y tu consuelo en todo, que tan pronto como pensemos equivocadamente, tus susurros en el templo del silencio nos guíen hacia el camino correcto que conduce a ti.

           ¡Ven Padre, ven!, inícianos en el poder creador de tu abundancia eterna.

 

3.- ¿Dónde te encuentro?

 

Te venero en los rayos de plata;

te bebo en los rayos de sol;

y de pie ante tu majestuosa montaña te reverencio.

Observo tu imagen reflejada en el lago;

en la voz del eco escucho tu voz;

 

Te abrazo en la suave caricia de la brisa,

me refresco en la cristalina fuente de tu seno.

Las explosiones de mis pasiones hace mucho que han muerto;

ahora sólo escucho tus suspiros en los pinos

y en el movimiento gentil

de las aguas sonrientes del lago.

 

He escuchado tus advertencias

a través de la voz de mi razón,

y te he contemplado arando la tierra de mi alma

con grandes esfuerzos;

has sembrado las simientes de tu sabiduría en ella;

todos los días he regado estas semillas

plantadas por ti, y al final de mi vida

te ofreceré los frutos en el altar del amor.

 

Las aguas, las verdes alfombras de la naturaleza,

los secos pedregales del desierto,

las bulliciosas ciudades, la planicie marina,

el ir y venir de mis hermanos los hombres,

y mi pequeño cuerpo,

al toque mágico de tu inspiración,

se convierten para mí en un inmenso espejo donde

te encuentro sonriéndome.

 

4.- Somos uno contigo

 

        Aquel que humildemente centellea a través de las estrellas, respira por nuestro aliento, circula en nuestra sangre y habla por medio de nuestros corazones, es el Espíritu que es la luz de todas las luces.

         Padre, enséñanos a estar en contacto contigo, con constan­cia, a sentirnos unidos a ti. Aparta la pesadilla del mal que nos ahoga cuando no hemos despertado.

        Tú eres la luz: permítenos sentirte y que tu presencia esté en todas las fibras de nuestro ser, y en cada partícula de pensamiento. Haz que yo sienta que mi corazón está latiendo en tu pecho, que tú caminas con mis pies, en mi aliento, ordenas la actividad de mis brazos dormidos y formas los pensamientos de mi cerebro.

 

5.- El susurro

 

Cuando de las profundidades del sueño

vuelvo a subir la escalera de caracol

del despertar, yo repito en un susurro:

Dios, Dios, Dios...

 

Tú eres mi alimento, y cuando interrumpo

el ayuno de la separación nocturna de ti,

entonces te saboreo y pienso en silencio:

Dios, Dios, Dios...

 

Dondequiera que voy, el faro de mi mente

está siempre centrado en ti,

y en la tumultuosa lucha de la acción

mi silencioso grito de guerra es siempre:

Dios, Dios, Dios...

 

Cuando rugen las violentas tempestades

de las pruebas y las angustias

me cercan con sus aullidos,

entonces yo cubro su vocerío

entonando aún más fuerte:

Dios, Dios, Dios...

 

Mientras velo, trabajo, como, sueño,

duermo, vivo, medito, canto y divinamente

amo, mi alma susurra sin cansarse,

sin que nadie la oiga:

Dios, Dios, Dios...


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